UN INICIO EN UNA FURGONETA CAMPER (Parte 1)

Ahora mismo llevando casi dos meses de vivir en una furgoneta no se ni por donde empezar a contar el inicio de este sueño, comenzare por decir que la idea de vivir nómada la tengo arraigada desde pequeña, lo usual y tradicional nunca estuvo en mis planes ni siquiera cuando de niña jugaba a las casitas, mis casitas eran bunquers disfrazados del baño de la casa, allí estaba a salvo mientras que en mi mente pasaban mil cosas, creía que si nunca salía del baño de la casa nada me podría pasar, la cerradura era irrompible (según yo) pero allí dentro de dos metros cuadrados pasaban cosas maravillosas, mientras que me enredaba una toalla en el pelo me transformaba en una árabe que huía de unos traficantes de antigüedades. Si! muy al estilo de Indiana Jones, otras veces unos extraterrestres me abducían y me mostraban otros mundos y en otras no lo niego viajaba en primera clase con una copichuela de champan en mano que en realidad era el vaso del cepillo de dientes. Todo esto se traduce en querer correr al afuera a otras realidades que en nada se parecían a la vida que tenia aun siendo una niña.

Ya bastante grandecita por no negar acercándome a los 40 hace mas de un año comenzó lo que seria todo un reto, VIVIR EN UNA FURGONETA, me he caracterizado por lograr hasta el día de hoy casi todo lo que me propongo, soy bastante tenaz y echada pa’ lante, así me hicieron mis abuelos a quien vi luchar codo a codo para darnos a 3 nietos todo cuanto necesitáramos, todo un ejemplo y yo no podía dejar de seguirles, así fue pues que con los ovarios bien puestos me puse manos a la obra y empece un proyecto desde la mas absoluta ignorancia junto con mi pareja Esteve «Camperizar una furgoneta e irnos a vivir en ella»

Empece a seguir a gente en Youtube que hiciera lo mismo que nosotros queríamos y para mi sorpresa encontré un mundo precioso de personas que vivían en camperes, viajaban junto con sus hijos y contaban su día a día por las redes sociales pero había algo que no encajaba, me lo estaban pintado todo muy bello y maravilloso, todo un sueño perfecto en donde nada pasaba y se la gozaban cada día, la verdad esta idea enamora bastante, quien no quiere vivir así, quien no quiere pasar los días viendo amaneceres y atardeceres solo con abrir la puerta de su casa rodante pasando solo unas horas publicando en redes sociales y el resto a vivir. Pero si de verdad quería vivir en una furgoneta camper tenia que ir a la raíz de todo el meollo y enterarme de no solo lo bueno sino de lo malo que podría pasar. Busque en grupos de Facebook gente que viviera en camper pero que en nada le apatecia contar su vida por redes, les contacte y les indague hasta el mas mínimo detalle, como eran sus vidas, algunos trabajaban 8 horas al día 6 días a la semana de esta manera vivir en una camper les ayudaba a no pagar alquiler, ni servicios, otros trabajaban virtualmente y otros simplemente estaban viviendo de sus ahorros. Todo esto me ayudo y me animo aun mas a querer vivir de este modo poco tradicional.

Nosotros no teníamos nada, ni un euro en el banco y la mayoría de veces al menos yo llegaba con números al final de mes pero de los rojos y de los que cobran interés, si quedaba en negativo 5€ me clavaban 40€ de comisiones en conclusión toda una mierda y para empezar una vida nómada era casi imposible.

Cree un plan casi perfecto pero arriesgado, estoy hablando que empece en plena pandemia Covid19 en el 2020 así que el plan era aterrador pero como me sobran ovarios y ya en esta vida he vivido lo innombrable, el temor no era una opción. Vivir una vida nómada necesita de un criterio emprendedor, definido y firme, mi plan era vender todo cuanto podía y regalar lo que me sobraba y que no tenia salida económica, así lo hice y el plan empezó a tomar forma cuando ya había vendido un cuarto de lo que tenia en un piso de alquiler tenía ya una base pequeña económica para emprender,con mi pareja teníamos el mismo objetivo y las mismas ganas de vivir juntos en un camper que nos permitiera no solo vivir un poco mas sino tener mas solvencia económica. En casa se armo un desfile de gente que venia a por cosas unas regaladas otras compradas y empece un método minimalista en el cual debía salir de un objeto al día y al siguiente día dos y así sucesivamente hasta que llegar a los 31 días saliendo ese día de 31 cosas, por fortuna me corrió afán y a los 31 días ya solo nos quedaban las cosas a las que mas valor sentimental teníamos.

Como dije “Casi era un plan perfecto” yo iba a una velocidad caótica completamente sumergida en realizar mi plan a toda costa mientras me estaba olvidando de la salud mental de mi pareja a quien todo esto le estaba superando, aun tengo que aprender mucho, aun tengo que por algunos momentos darme cuenta que a mi alrededor hay gente a la que quiero que necesita de mi (pero estoy en ello, no os preocupéis)

Con la velocidad, la incertidumbre y la crisis de la pandemia llego otra crisis, la peor de mi vida, la crisis de pareja que me dejo literalmente en la mismísima mierda con una hostia en el alma, un ataque de ansiedad y unas secuelas que al día de hoy intento mantener a ralla, una caída bestial a la que llame “Un aborto de emocional” pues fue en esos momentos que libere toda la energía que había puesto en dos años de relación, todo el amor derramado y rotura de una coraza que había llevado por años atrás, nunca había dejado entrar tanta luz a mi alma y en cuestión de un mes un nacimiento de tierra había opacado todo lo que había entregado, por suerte al final de algunas terapias de pareja comprendimos que teníamos el mismo objetivo, nos queríamos y simplemente íbamos a velocidades diferentes, decidimos tomarnos nuevamente de la mano, concluimos que lo mejor era abrigar nuestros fríos y seguir regando el amor que nos teníamos. Al final nos levantamos con mas energías y el proyecto de la camper continuo.

Con las almas aun resentidas y un mar de emociones a flote cogimos taladro, caladora, tornillos, maderas y toda la indumentaria que una camperizacion requiere, empezamos a construir lo que al día de hoy llamamos “La chechere” que en Colombiano significa trasto, una Citroem Jumper del 2000 que compre yo misma cuando creía que mi relación de pareja estaba completamente rota, una furgo a precio de risa pero con mil problemas (óxidos de chapa, le entraba en agua por las puertas, luces que no encendían, techo desnivelado, asientos en los huesos y bueno… Mejor no seguir) le pusimos mucho mimo y una inversión bastante considerable teniendo en cuenta el nivel de nuestro bolsillo.

Una mañana cuando iba a trabajar tipo 5:30 de la mañana me doy cuenta que la Chechere no estaba donde la habíamos dejado, las peores alarmas sonaron y resultaron ser ciertas… La habían robado para colmo con parte de la camperización a dentro, hicimos burocraticamente lo que se tiene que hacer, una denuncia y poca cosa mas, por mi parte hice una publicación en las redes sociales que llego a miles de personas y se regó la voz en los grupos de furgoneteros, al final la encontró alguien en Badalona que vio esa misma publicación y me contacto enviando una foto de la Chechere que para ese entonces ya llevaba unos 4 días robada contactamos con la policía de Badalona y ellos afirmaban que no era la nuestra pero la Chechere tiene una huella reconocible que le hice al día siguiente de comprarla, al ver que el cielo de la cabina del conductor estaba hecha un asco, la forre con una manta de playa que tenia una mandala, después de días de espera la policía por fin confirmo que era la nuestra y que ya podíamos recuperarla. Después de 15 días de espera con los nervios de punta, sin un euro en el bolsillo y con un estado emocional frágil la Chechere volvía de nuevo para ser mimada y A TODA COSTA vestirla de casa rodante. Pudimos seguir adelante con la camperizacion gracias a ayudas que recibimos por parte de la familia y amigos.

Y bueno que mas podría pasar en esta historia… ? En la próxima entrada os seguiré contando

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